Invocación al Espíritu Santo

Momento de oración profunda donde se puede rezar una oración espontánea al Espíritu Santo o utilizar la propuesta 

¡Oh Espíritu Santo!, dígnate ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a tus divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a tus santas inspiraciones. 

¡Oh Santo Espíritu! Dígnate formarme con María y en María, según el modelo de tu amado Jesús. Gloria al Padre Creador, gloria al Hijo Redentor, gloria al Espíritu Santo Santificador. 

Amén.

Lectura del Evangelio
Juan 6, 51-58

«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» 

Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»»

Reflexión Evangélica

En este momento del Encuentro con Cristo, nos cuestionamos qué dice el texto en sí mismo y qué nos dice el texto a nosotros. Se lee y se comenta en equipo, mediante aportaciones espontáneas de corte espiritual y vivencial.

El Evangelio de hoy recoge una enseñanza difícil de entender para todo hombre o mujer de cualquier tiempo: Jesús anuncia que se nos da como comida, aludiendo claramente al misterio de la Eucaristía, el gran regalo de Dios.

1. El pan de vida
En la Sagrada Escritura, y en toda la tradición cultural, la simbología del pan es muy clara: representa el alimento básico que necesita todo hombre para vivir. Igual que todo hombre necesita comer, alimentarse, para que su cuerpo se desarrolle con normalidad, de igual modo todo hombre necesita a Cristo para crecer y vivir como ser humano, que ama y es amado, que conoce y es conocido, que se interrelaciona con todo lo que le rodea. Jesucristo es «el Hombre perfecto, aquel que revela plenamente el hombre al propio hombre, llevándole a su plenitud» (Gaudium et spes 22).

2. La mejor compañía
Jesús no es sólo alimento; es también nuestra mejor compañía. Una alegría compartida es mayor alegría, y una pena compartida es más llevadera. Por eso el Señor nos dejó un modo de acompañarnos más íntimo que su presencia como Creador del mundo. Dios está en todas partes; pero su amor delicado le llevó a quedarse cerca de nosotros de un modo especial en la Eucaristía. 

3. Si no coméis mi carne…
Sabemos que necesitamos comer para vivir, que no podemos aguantar ni un solo día sin beber; conocemos nuestras limitaciones y debilidades, Pero en el campo del espíritu, en nuestra relación con Dios, somos demasiado olvidadizos. Se nos olvida que sin el alimento de los sacramentos, sin nutrirnos de la Sagrada Escritura, el alma se debilita, pierde fuerza, y va siendo invadida por la anemia espiritual. Jesús, conociendo nuestra debilidad, nos recuerda expresamente: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros.  Seamos humildes, sencillos, y acerquémonos a recibir el alimento de la Eucaristía, este maravilloso regalo que Dios nos ha dado para acompañarnos en nuestro peregrinar por esta vida, en camino hacia el cielo.

¿Qué me dice a mí este texto del Evangelio?

¿Qué valor tiene para mí la Eucaristía? 
¿Qué frutos he experimentado en mí cuando recibo el cuerpo y la sangre de Cristo?

¿Ha cobrado mayor sentido la Eucaristía después de el periodo de confinamiento?

Comparte tu experiencia

Hecho de vida

Esta parte del Encuentro busca hacer una lectura creyente de la realidad en la que los miembros del equipo viven y desarrollan su actividad, para analizar sus verdaderas causas y consecuencias y, sobre todo, para descubrir en él el plan de Dios. 

Escoger un testimonio o experiencia personal o de otros


  • Ver 

Consiste en el análisis del hecho: ¿qué problema presenta? ¿cuáles son sus causas y consecuencias?

  •  Juzgar

Considerar el hecho a la luz del Evangelio, aduciendo para ello comportamientos o palabras de Cristo que ayuden a interpretar y valorar el hecho. Evidenciar o intuir las actitudes de Cristo ante diversas situaciones de la vida.

Compromiso apostólico

Momento de conversión y de configuración con Cristo
Se busca llegar a resoluciones prácticas

  • Actuar

Cada miembro del equipo comparte las llamadas o acciones que se han suscitado en ellos durante el Encuentro con Cristo, escogiendo algún compromiso en el cual se puedan unir. 

¿A qué acción concreta nos llama este encuentro con Cristo?

Oración final

El encuentro concluye con un breve momento de oración comunitaria dirigida por un miembro del equipo. También es una oportunidad de rezar unos por otros. Esta oración ayuda a unir a los participantes a Dios y en Dios, a recoger las luces recibidas, y a poner en sus manos los propósitos.

Categorías: Formación

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