Juan 15, 4
Esta última semana nos ha acompañado en la liturgia el capítulo 15 de san Juan. Es un capítulo entrañable que refleja de una manera muy especial el corazón amante de Cristo. “Permanezcan unidos a mí, como yo lo estoy a ustedes” (Jn 15, 4), nos dice con ternura. Y para que entendamos esto mejor, usa una imagen, “Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15, 5).

Como solía hacerlo, Jesús usa imágenes del campo, comunes para la gente de su época. Siendo este un pasaje que seguramente hemos escuchado numerosas veces, no sé si entendemos del todo la imagen. Al menos en mi experiencia personal, la escuchaba, entendía a lo que se refería o la idea que quería transmitir, pero no sé si alguna vez en la vida me detuve a ver una vid y sus ramas.

Jesús es Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, y está aquí expresando con una imagen sencilla un misterio insondable. Es como si un profesor universitario, doctor en matemáticas, se sentara con alumnos de primaria a explicarles matemáticas puras. No creo que sea solamente porque esta hablando con gente de hace dos mil años, si viniera hoy a nosotros a explicarnos esto seguro que tendría que usar imágenes básicas y comprensibles para todos. Sería algo como, “mira tú tienes un móvil en el que tienes toda tu vida, tu agenda, tus mensajes, tus juegos, desde ahí te comunicas y estas en contacto con el mundo; te pones nervioso cuando no encuentras tu móvil por más de dos minutos y te agobia quedarte sin batería. Sin batería puede ser el mejor móvil del mundo, pero no te servirá de nada. Pues tú eres el móvil y yo soy la toma de corriente, el que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, puede hacer muchas cosas; porque sin mí no pueden hacer nada”.

Suena un poco “mundano”, tiene un toque más místico-romántico escuchar de la boca de Cristo un, “Yo soy la vida verdadera” (Jn 15, 1) que «yo soy la toma de corriente verdadera”. Es lo de menos, pero afectivamente nos relacionamos más con la idea de la batería que de las ramas. Todos hemos experimentado el agobio de tener poca batería en un momento importante o lo inútiles que se vuelven nuestros aparatos electrónicos sin wifi.

Así como Jesús nos dice, “ninguna rama puede producir fruto por sí misma, sin permanecer unida a la vid, y lo mismo les ocurrirá a ustedes, si no están unidos a mí” (Jn 15, 4). Hoy en día podría decir “ningún aparato sirve de mucho por sí mismo sin tener acceso a wifi, lo mismo les ocurrirá a ustedes si no están unidos a mí”. Esto tiene un poco más de impacto afectivo en nuestro interior a la rama separada de la vid. La forma puede cambiar, seguramente dentro de otros dos mil años nadie entenderá lo que es la wifi o una toma de corriente y se tendrán que buscan otras imágenes más adecuadas, da igual. Es el mensaje de Cristo el que se mantiene.

Permanecer en Cristo. Nuestra vida separada de Él, como la rama separada de la vid, como el móvil al que se le va acabando la batería, no puede dar fruto. Jesús no lo dice a medias, no es un, “bueno si te separas de mí
algo de fruto darás en tu vida, depende de si eres o no buena persona”. No, es total, es un: “sin mí no pueden hacer nada”. No creo que lo diga como un tirano que nos obliga a todos a estar bajo su yugo para mantenernos controlados, así como si fuéramos dependientes de un pequeño cable para recibir energía. Es el dador de vida, es el soplo de vida, es nuestro Creador que más bien nos da el consejo clave: “si permanecen unidos a mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo tendrán” (Jn 15, 7), “les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa” (Jn 15, 11), “los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero” (Jn 15, 16).

Jesús viene a traer la vida y no la muerte, no nos obliga a nada, sino que nos abre a la auténtica vida en donde tendremos lo que pedimos, en la que participaremos de su alegría y daremos fruto abundante. ¿No son esos los anhelos más profundos de nuestro corazón?, ser felices y que nuestra vida no sea un sin sentido. ¿A cambio de qué?, “Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor” (Jn 15, 9). De permanecer en su amor. No son los miles de euros por la batería externa más moderna y duradera para el móvil. Es permanecer en su amor. Esto no lo entendemos, es Jesús diciéndonos “sólo déjame amarte”.

Nos ponemos como Naamán en el antiguo testamento, testarudos al ver que es tan “sencillo”. Nos damos cuenta de esta necesidad de permanecer en Cristo cuando nuestra vida se va apagando o cuando nuestra batería se consume. Cuando en nuestra propia vida vemos que nuestro fruto es perecedero, que nos sentimos insatisfechos porque anhelamos una plenitud que no podemos alcanzar nosotros solos. Como el hijo pródigo que se aleja del que le dio la vida para malgastar lo que le fue dado, sólo para regresar a los pies de su Padre en donde vuelve de la muerte a la vida.

Nosotros encontramos y recibimos la auténtica vida de nuestra unión a Cristo, que nos ama. Él es la vid y nosotros las ramas, sólo unidos a la vid daremos mucho fruto, abundante y duradero. Sólo unidos a la vid verdadera nos recorre la verdadera vida, la auténtica alegría. Permanezcamos unidos a Cristo, permanezcamos en su amor.

Andrea Gómez, consagrada del Regnum Christi

Categorías: Oración

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